martes, 3 de diciembre de 2013

SU ESTILO

El trabajo de Andrés Kálnay en Argentina se inscribe dentro de las búsquedas, característica de los años veinte de una alternativa superadora de la arquitectura académica. En sus primeras obras la mayoría de sus residencias se caracterizaban por el lenguaje moderno, “de líneas arquitectónicas sencillas y elegantes”. En alguna de ellas incluyó vitrales que realzaban el diseño de las escaleras y el movimiento de los balcones que definían las formulas del art decó y ponían una nota dinámica en las fachadas. Otras viviendas posteriores incluyen la ornamentación geometrizada que se relacionaba con los modelos del "art decó", que hacían furor en Europa en la década 1920-1930.
La confitería y cervecería Munich de la Costanera Sur (1927) es su obra más conocida y uno de los mejores exponentes del llamado eclecticismo arquitectónico, en virtud de su planta de corte académico, por un lado, y de una decoración de fachadas que responde a la ornamentación estilo art decó, por el otro. Compila las influencias diversas que intentó sintetizar: desde el art decó, pasando por la escuela de Viena hasta el purismo checo.
Las principales características que distinguen el diseño de la Cervecería Munich como su obra emblemática son el empleo de ejes de composición; la consideración de la obra como obra de arte total; la invención de nuevos elementos arquitectónicos como las columnas del orden gigante, compuestas por tres pilares delgados; el encastre de formas huecas en formas sólidas, como ocurre en la escalera central o en los gazebos en la terraza superior; el uso de balcones semicilíndricos y el empleo de técnicas avanzadas en la construcción. Una vez terminada, sus características festivas, sus terrazas, vitrales y bajorrelieves le otorgaron un dinamismo que la convirtió en una obra de notable éxito popular.
Gran parte de los cerramientos se realizaron en mampostería tradicional racionalizada, recubriendo los muros con placas premoldeadas. Parte de la fachada conformada por pilastras, barandas, maceteros y balaustres fueron resultados con premoldeados de cemento con el color incorporado. La rapidez con que se construyó (cuatro meses y ocho días) se debió no sólo a la legendaria capacidad de trabajo de Kálnay sino también a que tanto las placas como las piezas de ornamentación fueron prefabricadas al pie de la obra in situ. Los motivos decorativos de los vitrales, conjuntamente con los diseños de las barandas, lámparas, amueblamiento y vajilla, pertenecieron al mismo Kálnay. También diseñó los vitrales, barandas, lámparas y equipamiento, en el incorporó un variado repertorio de personajes y escenas relacionados con el ambiente de la capital bávara, haciendo uno de los edificios más singulares de Buenos Aires. La nobleza de su diseño y sus valores espaciales, estéticos y ornamentales lo convirtieron en un hito del patrimonio arquitectónico porteño.
Expresión inequívoca de la modernidad porteña, se llegó a afirmar que la Munich poseía un espíritu innovador propio, inclasificable y único Sin lugar a dudas, su fuerza estética ganó un lugar tal en el corazón de la ciudad que le tornó imprescindible. Así logró salvarse de la demolición y la desaparición, conservándose hasta hoy de pie, embelleciendo la Costanera Sur

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