El trabajo de Andrés Kálnay en Argentina se inscribe
dentro de las búsquedas, característica de los años veinte de una alternativa
superadora de la arquitectura académica. En
sus primeras obras la mayoría de sus residencias se caracterizaban por el
lenguaje moderno, “de líneas arquitectónicas sencillas y elegantes”. En alguna
de ellas incluyó vitrales que realzaban el diseño de las escaleras y el
movimiento de los balcones que definían las formulas del art decó y ponían una
nota dinámica en las fachadas. Otras viviendas posteriores incluyen la
ornamentación geometrizada que se relacionaba con los modelos del "art
decó", que hacían furor en Europa en la década 1920-1930.
La confitería y cervecería Munich de la Costanera Sur
(1927) es su obra más conocida y uno de los mejores exponentes del llamado
eclecticismo arquitectónico, en virtud de su planta de corte académico, por
un lado, y de una decoración de fachadas que responde a la ornamentación estilo
art decó, por el otro. Compila las influencias diversas que intentó sintetizar:
desde el art decó, pasando por la escuela de Viena hasta el purismo checo.
Las principales características que distinguen el
diseño de la Cervecería Munich como su obra emblemática son el empleo de ejes
de composición; la consideración de la obra como obra de arte total; la
invención de nuevos elementos arquitectónicos como las columnas del orden
gigante, compuestas por tres pilares delgados; el encastre de formas huecas en
formas sólidas, como ocurre en la escalera central o en los gazebos en la
terraza superior; el uso de balcones semicilíndricos y el empleo de técnicas
avanzadas en la construcción. Una vez terminada, sus características festivas,
sus terrazas, vitrales y bajorrelieves le otorgaron un dinamismo que la
convirtió en una obra de notable éxito popular.
Gran parte de los cerramientos se realizaron en
mampostería tradicional racionalizada, recubriendo los muros con placas
premoldeadas. Parte de la fachada conformada por pilastras, barandas, maceteros
y balaustres fueron resultados con premoldeados de cemento con el color
incorporado. La rapidez con que se construyó (cuatro meses y ocho días) se
debió no sólo a la legendaria capacidad de trabajo de Kálnay sino también a que
tanto las placas como las piezas de ornamentación fueron prefabricadas al pie
de la obra in situ. Los motivos
decorativos de los vitrales, conjuntamente con los diseños de las barandas,
lámparas, amueblamiento y vajilla, pertenecieron al mismo Kálnay. También diseñó
los vitrales, barandas, lámparas y equipamiento, en el incorporó un variado
repertorio de personajes y escenas relacionados con el ambiente de la capital
bávara, haciendo uno de los edificios más singulares de Buenos Aires. La
nobleza de su diseño y sus valores espaciales, estéticos y ornamentales lo
convirtieron en un hito del patrimonio arquitectónico porteño.
Expresión inequívoca de la
modernidad porteña, se llegó a afirmar que la Munich poseía un espíritu
innovador propio, inclasificable y único Sin lugar a dudas, su fuerza estética
ganó un lugar tal en el corazón de la ciudad que le tornó imprescindible. Así
logró salvarse de la demolición y la desaparición, conservándose hasta hoy de pie,
embelleciendo la Costanera Sur
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