martes, 3 de diciembre de 2013

INMIGRACIÓN

Entre la década del 20 y la del 30 el sueño de la generación del 80, Argentina granero del mundo, parecía ser una verdad indiscutible. Eran tiempos de riqueza y abundancia, con un horizonte de prosperidad que parecía no tener fin.
Al final de la Primera Guerra Mundial, Argentina se destacaba por entre las naciones del mundo por el valor de sus importaciones ubicándose en tercer lugar después de Holanda y Bélgica. En pos del constante desarrollo y crecimiento muchos empiezan a mirar a la Argentina como una economía emergente y una oportunidad de prosperidad. En estas tierras escaseaban los recursos humanos o fuerza de trabajo y fue así como de otras tierras empezaron a llegar oleadas de inmigrantes, cerca de 4 millones, con la esperanza de crecer junto a un país que los cobijaba.
Los hermanos Jorge y Andrés Kálnay llegaron al Río de la Plata en 1921 a bordo de un buque sin bandera ni rumbo prefijado. Dejaban Hungría, su país natal, a causa de la ocupación rumana luego de la guerra.
Ese año, en la pujante Buenos Aires, el presidente Yrigoyen inauguraba el primer tramo de la Avenida Costanera Sur, límite urbano entre la Ciudad y el río, cuyo proyecto comprendía un murallón con escaleras al río y una pérgola semicircular.
Al mismo tiempo, Buenos Aires crecía a pasos agigantados, impulsada por las masas de inmigrantes y la democracia popular: para 1929 la ciudad había triplicado la superficie construida desde 1920. Los cambios se sucedían de manera vertiginosa. Grandes encargos colmaban los estudios de arquitectos mientras una legión de constructores e ingenieros daban forma a los barrios. Todo este apogeo se detendría con la crisis económica del 29 y la crisis política que desembocaría en el golpe de estado de 1930.
En la Argentina, al igual que otros miles de refugiados e inmigrantes, los Kálnay encontraron libertad y oportunidades para desarrollar su talento de arquitectos.
Los primeros años en Buenos Aires no fueron fáciles. Los hermanos Kálnay iniciaron sus trabajos como dibujantes de distintos estudios de arquitectura como Peralta Martínez y Denis o Marcos Sastre. 
En Argentina aún replicaban los ecos de la celebración por el centenario de 1810. Era una época esplendorosa económica y socialmente por tanto no se escatimó en gastos para los festejos. En Chascomús particularmente se celebraban los 150 años de la fundación del partido y con este acontecimiento se decide la construcción del Club Social Chascomús encargándose su obra al genial Andrés Kálnay.






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