Tal como afirma su hijo Esteban: su vida ha sido catalogada de arquitecto "constructor" en contraposición de aquellos profesionales que hicieron vanguardia o participaron en manifiestos o polémicas. Esto se debió a la falta de un estudio por parte de nuestros historiadores e investigadores de su obra, la cuál desarrolló en medio de la Academia, del Werkbund y la Sezessión aprendida de sus maestros, y el Racionalsimo y la Bauhaus de sus colegas contemporáneos.
Sin duda alguna el libro "Andrés Kálnay: Un arquitecto húngaro en Argentina" publicado por el arquitecto Ramón Gutiérrez y su equipo del CEDODAL ha cubierto esa carencia en forma muy completa y documentada.
“De mi padre siempre me llamó la atención la capacidad de producción que tenía. Dibujaba los proyectos, diseñaba hasta el mobiliario, escribió sobre filosofía, desarrolló métodos constructivos, pintaba y sabía tanto de arte como de economía. Nunca aprendió a manejar y en el breve tiempo en el que tuvo dinero se compró un auto y contrató un chofer. La mayor parte de su vida se movió en tren. Se iba de su casa en San Isidro a las 7 y volvía casi a la madrugada. Me pregunto cómo hacía”, cuenta Esteban Francisco Kálnay desde España.
“La dictadura se había empecinado con el edificio y casi lo derriba. Se pudo salvar del abandono total y se recicló”, cuenta Kálnay hijo. No lo menciona, pero él donó un vitral que reemplazó al original, que también había diseñado su padre.
“De mi padre siempre me llamó la atención la capacidad de producción que tenía. Dibujaba los proyectos, diseñaba hasta el mobiliario, escribió sobre filosofía, desarrolló métodos constructivos, pintaba y sabía tanto de arte como de economía. Nunca aprendió a manejar y en el breve tiempo en el que tuvo dinero se compró un auto y contrató un chofer. La mayor parte de su vida se movió en tren. Se iba de su casa en San Isidro a las 7 y volvía casi a la madrugada. Me pregunto cómo hacía”, cuenta Esteban Francisco Kálnay desde España.
“La dictadura se había empecinado con el edificio y casi lo derriba. Se pudo salvar del abandono total y se recicló”, cuenta Kálnay hijo. No lo menciona, pero él donó un vitral que reemplazó al original, que también había diseñado su padre.
Dice el Diario "La Razón" acerca de La joya del balneario refiriéndose a la Confitería Munich: Surge naturalmente del paisaje en que predominan el agua y el cielo, como la flor en le campo, se identifica con le ambiente como un organismo vivo. Se necesita un alma profusamente sensible de artista para realizar aquella perfecta unión de la obra construida con el cuadro que la envuelve.
Dice el Diario "El Cronista" de Chascomús refiriéndose al Club Social en su inauguración:
-Y fuera de duda, uno de los edificios mas hermosos y cómodos con que contará nuestra ciudad.
-Estamos dentro de él pudiendo apreciar desde su espaciosidad a los detalles.
-Desde la calle el porch, fuelle entre el espacio público y el privado, reservado a edificios de gran importancia como el atrio de las iglesias; protección, espera, reunión, con vidrieras que integran su interior con la vida de la ciudad.

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